Cielo y tierra navegan por tu dulzura entregada a nuestra pasión, respiramos el aire de felicidad que genera nuestro gozo, nos amamos hasta ver partir el amanecer.
Contigo aprendí a amar, a crecer y a creer que todo es posible, porque eres la única persona que siempre me hace sentir libre, dándole alas a mi mente y a mis palabras. Te miro y me doy cuenta que mis ojos se apagarían si no pudieran verte.
Escribí tu nombre en la arena, vino el mar y lo borró. Lo escribí en plata y oro, pero el tiempo lo fundió. Lo escribí entre las plantas, y el aire lo marchitó. Nadie aguanta como yo, que en el corazón lo llevo escrito, y aún nadie lo borró.